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miércoles, 28 de mayo de 2008

Largo encuentro (El camarín de las musas, Buenos Aires, 2006)



Una larga espera en un mismo lugar reúne a cuatro personas, tal vez son dos parejas o lo fueron antes. Se habla de amor, de formas de amor, de encuentros y desencuentros, de la pasión, se recuerda, hay versiones sobre el recuerdo, todo lo que se dice es escuchado por todos, el tema los arrastra, se contagian los sentimientos, las palabras se confunden, quién habla? Así son llevados por ellos mismos hasta la violencia y la confesión. MORTALES HABLAN DE AMOR.
Cuando escribí el complicado libreto de Un Largo Encuentro no dudé que Elvira iba a aceptar el nuevo desafío, y en el transcurso de los ensayos logra la austeridad que busco en mis obras.

Evidentemente la relación teatral Onetto – Pavlovsky me resulta alentadora y fortificadamente estimulante”.
E. Pavlovsky

Dice Elvira Onetto: “Dirigir "Largo Encuentro" (boceto Tolstoiano para romper) como figura en el texto escrito por Tato Pavlovsky, me coloca en el lugar de armar un rompecabezas con la seguridad de que tengo todas las piezas pero me falta el modelo original.

Woyzeck (Sala Casacuberta, Teatro San Martín, Buenos Aires, 2006)


Autoría: Georg Büchner
Versión: Ricardo Ibarlucía


Woyzeck es la tercera obra de Georg Büchner.
Quedó inconclusa a causa de la temprana muerte del poeta y recién vio la luz en 1879, en una edición a cargo de Karl Emil Franzos.
Después de su publicación, se convirtió en poco tiempo en un clásico, dando lugar a numerosas adaptaciones teatrales, una ópera de Alban Berg, y una versión cinematográfica de Werner Herzog.

La pieza está basada en un hecho real y narra la historia de Franz Woyzeck, un soldado raso que hace trabajos extras para un capitán y se entrega a los experimentos perversos de un médico que consisten en no comer otra cosa que garbanzos (con el fin de probar ciertas teorías), para mantener a Margarita y al hijo ilegítimo que ha tenido con ella. La dieta a la que Woyzeck es sometido lo altera, provocándole alucinaciones y visiones apocalípticas. Luego de enterarse de que Margarita lo engaña con el Tambor Mayor y al verla coquetear con él, Woyzeck decide matarla a puñaladas.


El final de la obra es hasta hoy objeto de controversias. En las versiones más antiguas, el protagonista muere ahogado, mientras que según otras interpretaciones, más modernas, Büchner imaginaba otro final: el asesinato es descubierto y Woyzeck es sacado del agua. Esta versión de Woyzeck no es una simple traducción de la obra de Büchner; es más bien una conversión, una reelaboración en el sentido más libre del término. Se basa en los manuscritos de Büchner, parte de ellos desechados de las ediciones canónicas y de las traducciones, e incluye escenas desconocidas, otros personajes y organización narrativa completamente diferente.


Fue escrita atravesando el texto original con los poemas de Paul Celan (1920-1970), autor de libros como Amapola y memoria o De umbral en umbral, teniendo en cuenta que hay un puente que une a estos dos autores a través de dos siglos. Quizás el pensamiento trágico o la idea de un final desesperanzado. En esta versión, los poemas son musicalizados y comentan la acción y la proyectan sobre el telón de fondo de la cultura contemporánea, dando lugar a una reflexión sobre la significación actual del drama de Büchner y su implacable sátira del arte, la ciencia y la filosofía. Asimismo, entre las numerosas citas, hay referencias a la producción de Franz Kafka.”

Ricardo Ibarlucía




La concepción espacial de la puesta en escena está regida por la fusión entre un campo de concentración y un ámbito circense o de feria de atracciones. Los garbanzos, por ejemplo, son sustituidos por pochoclos y el pistón central de la Sala Casacuberta se convierte en una pista de circo o fosa de leones.

Hay inclusive un “Charlatán de feria” que presenta personajes y situaciones. La música es ejecutada en vivo por los mismos actores en compañía de la compositora, que está presente en escena.

El montaplatos (El Piccolino, Buenos Aires, 2006)


Autoría: Harold Pinter


Dos hombres esperan indicaciones de un tercero.
Deben realizar alguna misión que desconocemos.
Durante esa espera comienzan a suceder distintas cosas extrañas.
Una comedia de amenaza.
Un clásico contemporáneo.
El montaplatos de Pinter es un exponente de cierto teatro absurdista de los 60. No a la manera del absurdo de Ionesco, sino más bien más ligado al primer Beckett, a ciertos textos de Arrabal o a Las Paredes de Gambaro.