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domingo, 20 de enero de 2013

Macbeth (Teatro Avenida, Buenos Aires, 2011)

Melodramma en cuatro actos - Música de Giuseppe Verdi - libreto de Francesco Maria Piave

©Liliana Morsia

Dirección musical: Javier Logioia Orbe
Puesta en escena: Fabian von Matt
Diseño de escenografía: Nicolás Boni
Diseño de vestuario: Daniela Taiana
Diseño de iluminación: Alejandro Le Roux
Director del coro: Juan Casasbellas
Coreografía: Valeria Primost
Asistente de régie: Mercedes Marmorek

Asistente de escenografía: Noelia González Svoboda/Carmen Auzmendi

Asistente de vestuario: Leticia Ragozzino

©Liliana Morsia
Macbeth, general del ejército del rey Duncan: Luis Gaeta
Lady Macbeth, su esposa: Mónica Ferracani
Banco, general del ejército del rey Duncan: Christian Peregrino
Macduff, noble escocés: Arnaldo Quiroga
Dama de Lady Macbeth: Sabrina Cirera
Malcolm, hijo de Duncan: Nazareth Aufe
Médico: Walter Schwarz
Siervo, Sicario: Claudio Rotella
Duncan, rey de Escocia: Germán Crivos

©Liliana Morsia
Los autores sitúan la acción en Escocia, en el siglo XI

Acto I

Macbeth y Banco, generales escoceses, regresan de una victoriosa batalla y se encuentran con un grupo de brujas que profetizan: “Macbeth será Señor de Cawdor y los hijos de Banco serán reyes”. La primera profecía se cumple pronto: llega un grupo de mensajeros del rey con el nombramiento para Macbeth. En el castillo, Lady Macbeth lee una carta en la que su esposo le cuenta las novedades. Ambos se encuentran y el rey Duncan llega al lugar para pernoctar. Ambos traman el asesinato del soberano, que es perpetrado por Macbeth.

©Liliana Morsia
Acto II

Macbeth es el nuevo rey de Escocia y se acusa a Malcolm, hijo de Duncan, de haber planeado la muerte de su padre. El príncipe huye a Inglaterra. Lady Macbeth, la nueva reina, preocupada por la segunda profecía incita a su marido para que haga asesinar a Banco y a su hijo Fleanzio. Ambos son sorprendidos en un tenebroso descampado: Banco muere apuñalado pero el muchacho logra huir. Se celebra un banquete en el castillo, en el que todos se sorprenden ante el aterrorizado y delirante Macbeth, que ve aparecer el fantasma ensangrentado de Banco.

©Liliana Morsia
Acto III

Sumamente inquieto, Macbeth decide consultar a las brujas. La conclusión de éstas es que Macbeth seguirá siendo rey de Escocia, a menos que el bosque de Birnam se acerque hasta él; también le dicen que ningún nacido de mujer podrá quitarle la vida. Aparece Lady Macbeth y lo incita para el asesinato de la esposa e hijos del noble Macduff, quien exiliado junto a Malcolm en Inglaterra prepara un ejército para derrocar al usurpador.

©Liliana Morsia
Acto IV

Macduff, junto a un grupo de exiliados, lamenta el asesinato de su familia. Llega Malcolm con el ejército preparado para la reconquista: cada soldado está camuflado con ramas del bosque de Birnam. En el castillo, Lady Macbeth es víctima del delirio. Macbeth, muy excitado, piensa en las profecías y manifiesta no temer al ejército que se aproxima. Le anuncian la muerte de la reina pero no le importa. El ejército asalta el castillo y Macduff enfrenta a Macbeth, quien le dice que ningún nacido de mujer podrá darle muerte. Macduff le contesta que, en realidad, al momento de nacer fue arrancado del vientre materno. El caballero se bate con el tirano y lo decapita. Las profecías infernales se han cumplido y Malcolm es coronado como nuevo rey de Escocia

©Liliana Morsia

©Liliana Morsia

El cazador furtivo (Teatro Avenida, Buenos Aires, 2011)

Música de Carl Maria von Weber - libreto de Friedrich Kind

 ©Liliana Morsia
Dirección musical: Javier Logioia Orbe
Puesta en escena: Mercedes Marmorek
Diseño de escenografía: María José Besozzi
Diseño de vestuario: Lucía Marmorek
Diseño de iluminación: Alejandro Le Roux
Dirección del coro: Juan Casasbellas


©Liliana Morsia

Agathe: Carla Filipcic Holm
Max: Enrique Folger
Caspar: Hernán Iturralde
Ännchen: María Belén Rivarola
Kuno / Samiel: Walter Schwarz
Ottokar: Ernesto Bauer
Ermitaño: Christian Peregrino
Kilian: Gustavo Zahnstecher

Asistentes de dirección escénica: Valeria Primost/Gabriel Motta
Asistente de escenografía: Noelia González Svoboda
Asistente de vestuario: Ana Laura Yunes

©Liliana Morsia
Sinopsis
Los autores sitúan la acción en los bosques de Bohemia, después de la Guerra de los Treinta Años.
Acto I

La multitud celebra la fiesta de los tiradores en una taberna del bosque.
Kilian, un rico campesino, vence al cazador Max y es aclamado.Max, aprendiz de Kuno (guardabosques del príncipe Ottokar) y pretendientede su hija Agathe, se convierte en objeto de las burlas de todos.
Se enfurece, pero la llegada de Kuno impide que se desate una pelea.Entre la muchedumbre se encuentra Caspar, antiguo pretendiente deAgathe, quien sostiene que la continua mala suerte de Max en los disparos se debe a un maleficio. Kuno lo hace callar, pero se muestra preocupado por su aprendiz, al que le recuerda que al día siguiente tendrá lugar la prueba decisiva de la que depende su futuro: la casa, el puesto de guardabosques y la mano de Agathe. El certamen de tiro se origina en una tradición familiar, pero que está rodeada de leyendas como la de las “balas francas”, siete Freikugeln que el maligno proporciona a aquel
que le entrega el alma: seis de ellas darán donde apunte el tirador, pero la séptima siempre estará en poder de las fuerzas infernales. Deciden que lo mejor es no pensar en estos asuntos y entregarse al vals


©Liliana Morsia

Mientras todos se retiran para festejar con la caída del sol, Max se queda solo y, con gran agitación interior, recuerda sus mejores épocas. En medio de la desesperación percibe el acecho del mal. Regresa Caspar, y el joven, pese a la desconfianza, conversa con él. Max conoce la historia de las balas mágicas y cuál es la regla. Prosigue la charla y se siente mal por la prueba de tiro que tendrá lugar al día siguiente: ¿qué diría su enamorada si lo viera regresar sin una sola presa? Caspar señala un punto en el cielo, donde vuela un águila. Lo invita a Max a dispararle, pero éste rechaza el pedido. Caspar le pone en las manos su rifle cargado con una bala hechizada, hace que dispare, y el ave cae a sus pies. Así convence a Max de acudir a la medianoche al temible barranco del lobo, donde fundirán siete nuevas balas mágicas

 ©Liliana Morsia
Acto II

A la noche, en la casa de Kuno. El retrato del fundador de la familia ha caído de la pared e hirió la frente de Agathe. La joven ve una mala señal, especialmente desde que el buen ermitaño del bosque –quien le ha regalado unas rosas consagradas– le ha advertido de peligros en ciernes, e ignora que en ese preciso instante Max derribó un águila con una bala mágica. Ännchen, su prima, le entona una canción para reconfortarla. Deja sola a Agathe, inquieta y a la espera de la llegada de su enamorado. Entra Max, muy preocupado, y enseña a su amada la presa.

 ©Liliana Morsia

Ella se muestra acongojada porque él le cuenta que debe ir al barranco del lobo con el pretexto de recobrar un ciervo abatido. Está por desatarse una terrible tormenta, pero es inútil retener a Max.El barranco del lobo en medio del bosque, noche cerrada, apenas iluminada por destellos lunares a través de las nubes y el ramaje. El lugar es lúgubre, se escuchan misteriosos ruidos y voces extrañas. Caspar prepara la fundición de las balas. Ante la invocación aparece Samiel, el “cazador negro”. Caspar ha empeñado su alma, su plazo ha terminado y solo podrá evitar la condenación eterna si consigue una nueva víctima. Caspar ofrece el alma de Max, Samiel acepta y desaparece. Llega el joven y se sienta junto a Caspar. La tormenta estalla mientras se forjan las siete balas, con las que Max espera vencer en el certamen del día siguiente. En medio de una agitación infernal, en la que los elementos desatan su furia, pasa la “cacería infernal”, grotesco cortejo de almas en pena, y en el momento culminante del hechizo reaparece Samiel para hacer sentir su poder. Tras esto y de manera inmediata, todo regresa a la calma
 
©Liliana Morsia
Acto III

En lo de Kuno, durante la mañana del nuevo día. Si Max resulta vencedor de la prueba decisiva, unirá su destino al de Agathe. Ella expresa su preocupación y aparece Ännchen, a quien le confiesa sueños inquietantes. La amiga la consuela una vez más y aparecen las doncellas de honor que acompañarán a la novia. Agathe sigue preocupada: durante la tormenta el cuadro del antepasado volvió a caer y cuando Ännchen abre la caja de la corona de novia, descubre que contiene una corona fúnebre. Inmediatamente, lo resuelve tejiendo una nueva con las flores que le regaló el ermitaño.

©Liliana Morsia

Paisaje boscoso. Alrededor del príncipe Ottokar se han dado cita los hombres más importantes de la comarca para presenciar la prueba de tiro. El señor señala una paloma blanca posada sobre la rama de una árbol: será el blanco de Max. Pero, entretanto, las seis primeras balas ya han sido gastadas. Cuando Max dispara se oyen gritos y dos personas caen al suelo: Agathe, y Caspar, que hasta ese momento no se había hecho ver. Max toma la mano de Agathe, que vuelve en sí, mientras Caspar muere traicionado por Samiel. El joven confiesa su falta y Ottokar quiere desterrarlo. Llega desde el bosque el ermitaño, que es venerado como un santo. Se muestra en contra del certamen de tiro, que ha puesto en manos del maligno a un buen joven y trajo la infelicidad a los enamorados. Max cayó en falta por amor y el príncipe deberá concederle un plazo. Si aquél continúa siendo honrado, heredará el puesto y la casa del guarda bosques, y recibirá la mano de Agathe. El príncipe Ottokar se inclina ante el sabio ermitaño, manda arrojar el cadáver de Caspar al barranco del lobo y ordena terminar con la tradición: nunca más será necesaria una prueba de tiro para demostrar el valor de un hombre y su amor por una mujer.

©Liliana Morsia